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Sitios en los que nunca has estado

Sitios en los que nunca has estado

Alguien me explicó una vez que cada verano iba de vacaciones al mismo sitio. Misma fecha (agosto), mismo lugar (Menorca), mismo hotel (no lo recuerdo). Me dijo que era muy consciente de que el plan no es tan excitante como descubrir lugares exóticos, pero que así se aseguraba unas vacaciones suficientemente buenas y sin sorpresas. Algo así como unas vacaciones Letras del Tesoro.

Entiendo el razonamiento. A pesar de lo que diga Instagram, todos hemos tenido algún viaje (o varios) que no ha valido la pena y en el que hemos pensado “qué narices hago yo aquí y además pagando un dineral”. Se está muy calentito en casa, con todo bajo control.

No es muy distinto en los negocios.

La internacionalización es un proceso muy complejo, sobre todo porque en cada nuevo país al que intentas entrar debes desaprender muchas de las cosas que ya sabías. Simplemente porque allí funcionan distinto. Así que solo hay dos caminos:

1) Aprendes sus formas y te adaptas.

2) Te vas.

Y aprender y adaptarte requiere tiempo (que se traduce en nervios del top management y desinversión prematura, muchas veces). Por eso un gran número de empresas exportadoras acaba fracasando: algunas diseñan un plan irreal, en el que no se dan tiempo a adaptarse. Otras están convencidas de que su modelo de negocio debe ser exactamente el mismo allá donde vayan, y deciden no aprender cómo se trabaja, se negocia o se comunica en un nuevo país.

Afortunadamente, cada vez más empresas están convencidas de que vale la pena internacionalizarse, y no estoy pensando en las grandes corporaciones de siempre, sino en marcas de diferentes industrias, pero con algo en común: las ganas de intentarlo, de no conformarse.

Estoy pensando en The Animals Observatory, una pequeña marca de ropa para niños que, con un diseño exquisito y una muy trabajada estrategia digital, vende en decenas de países en varios continentes.

O en El Gaitero, que ha llevado la sidra a países remotos y que a pesar de ser posiblemente la marca que más sepa de sidra en el mundo, es suficientemente humilde para dejarse aconsejar por los expertos locales de cada país.

O en BioCultura, el referente de la cultura bio & eco en España, que se atreve a aprender un nuevo modelo de negocio para acercarse a la comunidad latinoamericana y seguir creciendo.

Todos son clientes nuestros y de todos admiro su valentía y determinación para hacer cosas diferentes en sitios distintos. No sé si alguno de ellos veranea cada año en el mismo lugar, pero cuando se trata de negocios, no tengo duda de que todos ellos son aventureros. Y eso ya les hace ganadores.

Victor Caballe


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